Cambios psicológicos que no esperamos con la maternidad: el puerperio nos sorprende

 

 el puerperio

Lo inesperado del puerperio

Nos preparamos para muchos cambios ante la llegada de un bebé pero hay un aspecto menos previsto de la maternidad: el puerperio. Los cambios implicados en la elaboración que implica el pasaje a la maternidad, el puerperio es la parte que trae consigo más temores y a veces miedos muy intensos.

Sobre muchas de las cosas con las que nos encontraremos al comenzar a transitar éste nuevo camino, ya teníamos alguna idea o  creíamos tenerla. Pero luego, frente a un recién nacido real y todos los cambios en nuestra vida cotidiana, todo se ve diferente.

En mi consulta psicológica, he visto muchas parejas de padres recientes, que se sienten solos o que sólo a ellos les toca vivir una serie de altibajos desconcertantes. Sin embargo,  son propios de la transición a la maternidad/ paternidad. De ahí la importancia de poner en conocimiento a los padres de algunos cambios psicológicos que están implicados en éste proceso. Éstos cambios, por lo general, comienzan a presentarse en el embarazo y después del nacimiento. Son producto de las llamadas crisis evolutivas.

El hecho de que la transformación biológica ocurra en el cuerpo de la mujer tanto en el embarazo como en el parto, posparto y la lactancia, centra como primordial la relación madre-hijo. De ella depende la subsistencia del nuevo ser y éste aspecto suele implicar procesos  más complejos que los vividos por el padre y que sean las madres, por tanto, las figuras predominantes en ésta temática. Por éste motivo, me centraré especialmente en la maternidad por más que se trate de la “pareja parental”.

Con la nueva maternidad, el puerperio se hace sentir de forma insospechada. Además de cuestiones sencillas para aprender a manejarse en aspectos del cuidado infantil, existen una serie de temores psicológicos propios de la nueva etapa evolutiva. Son temores que cuesta comprender cuando están ocurriendo. Habitualmente, en poco tiempo nos habremos hecho con los cambios y podremos disfrutar de ésta etapa más relajadas y con más confianza en nosotras mismas.

Temores habituales ante la maternidad:

Temor a no poder hacerlo bien

Por unos meses, especialmente el primero, puede que nos haga sentir agobiadas hasta que aprendamos a manejarnos mejor con las distintas situaciones, que el bebé duerma toda la noche, que va aumentando de peso, etc. Por debajo de todo ésto, lo que ocurre es que finalmente comprendemos un poco mejor lo que implica transformarse en madre.  Hemos asumido una gran responsabilidad con otro ser humano que dependerá de nosotras. Esto despierta el gran temor de si seremos capaces de hacer las cosas tan bien como para que la vida de éste nuevo ser se desarrolle felizmente.

Seremos madres toda la vida pase lo que pase y las 24 horas del día.

También descubriremos que tener ratos para nosotras mismas ya no resulta tan sencillo, por un tiempo necesitaremos elegir entre ¿me  ducho o duermo? mientras duerme el/la bebé. O que ya no podremos ni ir al baño sin estar con la puerta abierta cuando estemos solas… Nuestras expectativas y prioridades cambiarán mientras que las necesidades del pequeño/a irán por delante.  Durante un tiempo, dejaremos de plantearnos leer un libro y agradeceremos que una película se pueda retroceder. Conviene intentar tener presente que la paciencia y el humor son grandes aliados, es algo pasajero.

Aprender a descifrar las demandas constantes del nuevo integrante y cómo satisfacerlas, llevará un tiempo.  A su vez, el tiempo variará según cada bebé y cada mamá, así como de cada entorno. Aunque nos pueda resultar agotador y a veces desesperante, lo cierto es que pronto nos iremos haciendo con el tema. Iremos descubriendo lo que nos trata de comunicar cuando llora y que ésta es la única vía que tiene para hacernos saber que algo le está pasando. Antes o después, la comunicación será más sencilla. Saber que no comprender todo inmediatamente, no implica que seamos malas madres, facilitará la comunicación.

Los bebés necesitan sentirse acompañados, se asustan mucho y a ellos el cambio en su forma de vida, también les cuesta adaptarse. Para éstas cosas es bueno tener presente que no hay nada tan beneficioso para ellos como el piel con piel. Y resulta muy positivo para ambas partes. Los bebés necesitan volver a escuchar el corazón de su mamá, oler su piel y sentir que está cerca.

Comprender que dejamos atrás nuestro lugar de hijas e hijos

El cambio de rol* que implica el pasaje a la maternidad requiere ciertos ajustes. Por ejemplo, durante el embarazo los cambios pasaban por la mamá, sobre cómo estaba, cómo se sentía, etc.. Durante los meses del embarazo se han sentido especiales y el centro de atención.  Después del parto en cambio, el recién llegado acaparará toda la atención del entorno. Es un hecho que puede provocar que muchas madres se sientan relegadas e incluso obviadas. Son sentimientos normales y pasajeros al producirse el pasaje para asumir su nuevo lugar, su nuevo status*.  Luego, se podrá vivir con orgullo cada aspecto de nuestro hijo/a y se irá abriendo el camino de las vivencias maternales. En síntesis, al asumirnos madres, iremos poniendo al niño por delante nuestro.

Miedo a transformarnos en nuestra madre o padre.

Durante la preparación que implica la nueva maternidad, el puerperio es el menos esperado. Frente a la nueva realidad, solas junto a ese pequeño ser, nos vemos “madres”, lo que remite a nuestra madre. La paternidad tiene el curioso poder de despertar muchos sentimientos y experiencias de nuestra infancia. Tanto para la nueva madre como para el padre. Según hayan sido las respectivas vivencias con las figuras parentales durante el desarrollo, puede despertarse el temor de “ser ellos” o cómo ellos. En ocasiones, ese temor, puede provocar diferentes grados de malestar o angustia. A medida que vayamos comprendiendo que el  cambio de status no implica repetición,  iremos forjando nuestra propia modalidad parental. Es verdad que cometeremos aciertos y errores, pero serán “nuestros”. Entonces, la transición será más sencilla.

La transición también la viven los abuelos

Éste aspecto suele ser más notable para la relación entre mujeres ya que están culturalmente más vinculadas a la crianza. Resulta positivo recordar, que para quienes se transforman en abuelas, también implica un cambio de status y rol. Ellas también deberán aprender. Acostumbradas a criar a sus hijos, a velar por ellos, ahora deben apartarse. Deberán dejar espacio para que surja esta nueva madre, respetar sus decisiones y formas de resolver  la nueva relación familiar. Además, tratar de no dar consejos que no fueron pedidos y brindar la mayor ayuda posible. Por otra parte, será un momento muy propicio para intentar subsanar aspectos del pasado en la relación madre-hija. Será una  gran oportunidad de brindar apoyo, ayuda y cariño. Es importante porque  es un momento en que las nuevas madres se sienten muy vulnerables y confundidas.

Por último, hay que recordar que TODAS las mamás pasan en mayor o menor medidas por éstos temores.

Definiciones:

*Status: Se refiere al lugar que ocupa una persona en un grupo. Una persona puede tener diferentes status, por ejemplo: padre de familia, empleado, etc,

*Rol: Se trata del comportamiento esperado de acuerdo al status que ocupa dentro del grupo.

Liliana M. Lund