Es una mirada única, profunda e irrepetible

 

mirada RN

Uno de los temas más fascinantes es el de la mirada del recién nacido. Se trata de una mirada única, profunda y conmovedora. Hasta hace un par de décadas atrás, las madres hablaban de esa mirada tan especial desde su intuición maternal asegurando que sus bebés las veían. Pero por aquellos tiempos, la ciencia lo negaba, así como las sonrisas, que eran sólo un reflejo. Pero esas mamás lo sabían, como tantas cosas, desde su saber de madre y estaban en lo cierto. Un motivo más para para confiar en esa intuición maternal, ese saber que es producto de esa conexión simbiótica y profunda entre dos seres.

El pediatra francés Dr. Marc Pilliot ha escrito un interesantísimo artículo sobre éste tema. Él considera que con la “primera mirada” del bebé recién nacido nos situamos de lleno en tres dimensiones: lo somático o biológico; lo emocional y psicológico, y también en lo espiritual o de búsqueda de sentido. Evidentemente, se necesita un soporte somático que se ha desarrollado durante toda la vida embrionaria y fetal, pero esa mirada nos sumerge bruscamente en una fortísima emoción y su intensidad se acerca al misterio, incluso a la espiritualidad.

Es una mirada “fundadora”. Por ese motivo, propone llamarla “Protomirada” (del griego prôtos = primero) para transmitir por un lado que se trata efectivamente de la primera mirada y, por otro, que esa mirada es distinta de todas las que vendrán después: las miradas de los días siguientes al nacimiento serán a menudo muy intensas, pero no dejan de ser miradas de atención, de observación, de asombro, y ninguna tendrá la fuerza de esa mirada de los primeros minutos en que se establece el vínculo.

El mundo del que proviene el bebé se caracteriza por la completud de un sistema interactivo donde no le faltará nada, desconocerá el hambre, la soledad o el silencio. El desarrollo sensorial del bebé antes de nacer, le permite estar “conectado” con su madre: su voz, los latidos del corazón, los sonidos exteriores o los ruidos intestinales. Los ojos están operativos desde antes del nacer. Lo humano comienza antes del nacimiento y el recién nacido llega al mundo con rastros mnemónicos, con una historia y una experiencia ya memorizadas. Antes de nacer el feto encuentra su universo y se impregna de él. El nacimiento representa pues una ruptura: todo cambia y hay que volver a empezarlo todo, a pensarlo todo.

El recién nacido tendrá que aclimatarse a la vida en otro mundo. Su cuerpo se acomoda fácilmente gracias a sus sistemas fisiológicos de adaptación. Pero la mente del feto, que ha conocido la totalidad original de la que procede y de la cual se ha visto bruscamente arrancado, “grita” de miedo (o de protesta) por la pérdida de su mundo original. Según Pilliot, tal vez sea ése el origen del llanto en el momento del nacimiento. Ningún otro mamífero llora de ese modo; no se trata entonces de una adaptación respiratoria como se suele creer.

mirada recién nacido

Será la madre quien instaure una continuidad, una coherencia entre los dos mundos. Ella puede mostrarle el camino, pues ha llevado en sí el universo anterior de su hijo, pues ella misma ha vuelto a su propio mundo fetal durante el embarazo, por su propia memoria corporal. Y la sensorialidad le abrirá las puertas. Los sentidos indican una presencia. Gracias al cuerpo de su madre y pegado a él, piel con piel, el recién nacido volverá a encontrar el tacto, el envolvimiento, los olores, los sabores (el calostro tiene el mismo sabor y olor que el líquido amniótico), la voz, los ruidos respiratorios, el ritmo del corazón… El recién nacido descubre entonces el mundo como forma nueva de su mundo anterior. La vista, la mirada traerán informaciones inesperadas y darán sentido a todo ese desbarajuste. Ese elemento es fundamental: representa el paso del nacimiento-parto al nacimiento psíquico. Todo adquiere “significado”.

¿Por qué decimos que esa mirada es única y que ya no volverá a mirar así?

Porque esa mirada se produce en un momento muy particular que tiene lugar ni bien se produce el parto (normal, fisiológico y sin contratiempos), y que dura entre una y dos horas . Durante éste tiempo el índice de catecolaminas* es 20 veces mayor que la de un adulto en reposo. El bebé está en un estado de vigilia tranquila y alerta que favorece el aprendizaje y la adaptación.

Es el momento de los padres de descubrir cómo es su hijo/a así como para el bebé de reencontrarse con olores y sabores conocidos ya que el calostro sabe igual que el líquido amniótico. Así, descansando sobre el pecho de su madre, irán creando juntos ese vínculo fundamental y de conocer a esos seres que intuía y que forman parte de su nuevo mundo.

*catecolaminasson hormonas producidas por las glándulas suprarrenales.  Son secretadas en la sangre cuando una persona está bajo estrés físico o emocional. Las mayores catecolaminas son: dopamina, norepinefrina y epinefrina (que solía llamarse adrenalina).

Artículo: Dr. Marc Pilliot, “Le regard du naissant”

Liliana M. Lund

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