En la siguiente entrada Mara comparte su historia de su endometriosis y como terminó viviendo un proceso de Reproducción Asistida. ¡Muchas gracias Mara!

Cómo llegué a mi Fertilización In Vitro :

 

Cuando tenía 12 años me vino la regla por primera vez, el dolor era insoportable ya desde esa ocasión.

A los 15 me detectaron un endometrioma (quiste de endometriosis, también llamados quistes de chocolate) bastante grande en el ovario izquierdo y el mes que cumplí 16 me operaron. Encontraron varios quistes de tamaño importante y para retirarlos tuvieron que quitarme también el ovario izquierdo casi por completo.
Después estuve con un tratamiento de hormonas masculinas que hizo que se me retirara la regla durante un año, así como que mis pechos dejaran de desarrollarse y empequeñecieran y que me saliera vello corporal en sitios que nunca había tenido. Tras el tratamiento me recetaron la píldora para “controlar la endometriosis” y con ella estuve durante años.
Con 23 años, en mi revisión rutinaria, me encontraron un nuevo quiste de 10 cms en el ovario derecho, así como adherencias y otras formaciones en muchos lugares: saco de Douglas, vejiga, trompas taponadas… Me volvieron a operar, pero esta vez sí respetaron mi ovario por completo.
Después de la segunda operación el tratamiento hormonal consistía en provocarme la menopausia para que de nuevo estuviera un año sin menstruar. Por supuesto ni qué decir tiene que los dolores insoportables siguieron acompañando a todas y cada una de mis menstruaciones siempre.
F.I.V.Me sometí a un primer tratamiento de FIV por lo privado que no funcionó. Más tarde, me llamaron de la Seguridad Social porque ya estaba disponible mi cita con Fertilidad. La doctora decidió que no me apuntaría en la lista de espera, sino que me haría el tratamiento directamente porque no se fiaba de que dos años después siguiera manteniendo mi útero.
En esa segunda F.I.V. me pusieron unas dosis hormonales tremendas, más del triple que al resto de mujeres que hacían el tratamiento a la vez, y me transfirieron dos embriones, uno de los cuales es mi hijo Javier (el otro no se implantó).
Las dosis hormonales tan grandes me provocaron una hiperestimulación ovárica que me tuvo el primer trimestre en reposo y bebiendo Aquarius (que por cierto odio, jeje), pero todo mereció la pena por tener conmigo el mejor regalo que la vida podía concederme: mi hijo.

Mara