Las bases de la comunicación emocional

 

rostro materno

Las bases de la comunicación emocional

Para comprender mejor la importancia del rostro materno, según Winnicott*, es conveniente recordar que en un primer momento el bebé no tiene un registro psíquico de la existencia de la madre-ambiente, como alguien autónomo y separado de él. Su dependencia respecto al ambiente es absoluta, aunque él lo desconoce al no existir tampoco una noción de sí mismo todavía.

A partir de este momento, el proceso de maduración emocional se produce de manera lenta y compleja, dirigiéndose en una progresiva separación entre el “yo y el no yo”, y en consecuencia a una existencia separada del otro que el cuidado materno irá permitiendo.

La importancia del rostro materno parte de la observación de los bebés y sus madres durante el amamantamiento durante los primeros meses de vida. ÉI dice que no es el pecho mientras succiona y se alimenta. Lo más característico es el hecho de que la mirada del niño se dirija hacia el rostro de su madre. Y de aquí surge la particular reflexión de Winnicott:

¿Qué ve ese bebé recién advenido al mundo cuando mira el rostro materno? Lo que el bebé ve en esta etapa al mirarla es a sí mismo”…

Ésta imagen que ilustra éste artículo, nos permite observar claramente un momento del proceso, de esa conexión especial entre el bebé y en éste caso, su madre. Éste proceso psicológico se realiza sobre la base del desarrollo biológico. Aquí intervendrá, de una forma sumamente interesante, una función neuronal, la de las neuronas espejo.

¿Cuál es ésta función?

El sistema de la neurona espejo se puede describir como el correlato neurobiológico del sistema intersubjetivo (entre dos subjetividades = adulto+bebé) , ya que representa la motivación innata y corporalizada, de estar en contacto con las emociones del otro y compartir con ellos la experiencia subjetiva. Es decir, esta interacción permitirá para ambas partes, el desarrollo de un sistema comunicacional que a su vez permitirá la comprensión de los estados anímicos del otro.

Los intercambios intersubjetivos entre la madre y el bebé son parte de un sistema de motivación primario, innato, esencial para la supervivencia de la especie (Stern). Estos intercambios intersubjetivos se desarrollan desde el nacimiento entre el bebé y la madre, pero también con el padre, creando un contexto interactivo tríadico (de tres individuos).

Las bases biológicas de éstas teoría psicológicas son posibles gracias a los grandes avances tecnológicos de los últimos años, como la participación de investigaciones realizadas con neuroimagen. La colaboración interdisciplnaria permite en la actualidad, profundizar en investigaciones que poseen una importancia fundamental en la comprensión de los procesos psíquicos.

*Winnicott, Donald: Psiquiatra y psicoanalista inglés.

**Stern: Daniel: Psicoanalista, estadounidense.

Liliana M. Lund