Madres que no pueden mirar a su bebé tras el parto

Madres que no pueden mirar a su bebé tras el parto

¿Qué ocurre con esa primera mirada, que establece un vínculo fundamental, con las madres que no pueden mirar a su bebé?

parto madres que no pueden mirar En el momento del parto, por diversas razones, hay madres que no pueden mirar al recién nacido.  Algunas no quieren y otras no tienen la oportunidad. El momento de conocerse no se puede producir normalmente en ese momento fundamental, en la «hora sagrada».

En este artículo voy a analizar el tema de cuando en el parto son madres que no pueden mirar a su bebé recién nacido. Se trata de la contrapartida del primer artículo La mirada del recién nacido. En él tratábamos el interesante tema de la protomirada o primera mirada del recién nacido. Decíamos que es una mirada profunda y única que no se repetirá jamás, con una función “parentalizante.” Sin embargo, las situaciones a veces son muy diferentes y nos lleva a preguntarnos:

¿Qué ocurre cuando son las madres que no pueden mirar? ¿Qué ocurre con las madres ciegas? ¿Y con la anestesia de las cesáreas? ¿O con las madres que no pueden centrarse descontroladas, asustadas? ¿O con las madres que rechazan a sus bebés?

El Dr. Marc Pilliot también se hace esta pregunta: » Si la primera mirada en el momento del nacimiento es tan importante, tan fundadora, ¿qué pasa entonces con las madres  que no pueden “ver” a su bebé porque son ciegas? ¿Tendrán dificultades para apegarse, para establecer vínculos?

Las madres invidentes

Una mujer ciega vive en otro mundo sensorial y son, lógicamente, madres que no pueden mirar. La madre ciega, va a utilizar otras modalidades que darán sentido a su vivencia. Todos sus sentidos estarán alerta: va a tocar a su bebé, a “olfatearlo” (el olor parece ser muy importante);  va a saborearlo, a oírlo, a sentir cómo se mueve. De ese modo, podrá obtener una visión interior, una representación interior más bien, de su bebé. Pero hay algo aún más importante: puede perderse la vista, pero nunca se pierde la mirada.

El rostro de esa madre ciega se mueve y es capaz de transmitir su emoción interior. Esa mujer puede sonreír, puede vocalizar. Su mirada puede estar cargada de afectos, guiada por el sonido, el olfato, el tacto, la masa corporal de su hijo. A veces, algunas madres invidentes no miran, porque han perdido la costumbre, cohibidas por la creencia de que ss ojos no son bonitos.

parto En estos casos es conveniente incentivarles, enseñarles a volver a mirar. Aunque “no vean” al niño en el sentido en que los videntes lo entienden, es importante para su relación de amor que lo “miren” unos instantes. Es fundamental para el recién nacido, que necesita esa mirada para existir.

La importancia de la mirada

Esto nos permite destacar el otro lado de la Protomirada. Ésta, no es sólo fundadora para los padres, también es fundadora para el recién nacido. La vista es egoísta: sólo existe para uno mismo. Pero la mirada se vuelve hacia el otro, sólo existe en el intercambio: mi mirada reconoce al otro y yo soy yo mismo a través de la mirada del otro.

La primera mirada del recién nacido “parentaliza” a la madre y al padre, les permite pasar de la paternidad a la “parentalidad”. Pero al mismo tiempo la mirada de los padres otorga sentido al recién nacido y lo conecta a nuestro mundo.

Mujeres que no quieren mirar

madres que no pueden mirar La mayoría de las madres saben desde siempre: hay que “mirar” a su hijo. En realidad, generalmente es algo instintivo. Sin embargo, algunas mujeres no sienten ningún impulso hacia su hijo en el momento del nacimiento. Por lo tanto, a las miradas puede costarles encontrarse.

Las razones son complejas, personales, íntimas y muy diversas.

¿Cuál es el motivo de que una mujer durante el parto se sienta tan desequilibrada?

¿Por qué está tan triste esa mujer si el parto ha transcurrido sin dificultad y acaban de dejarle a su bebé sobre le vientre?

¿Tal vez sus emociones la están conectando con periodos difíciles y secretos de su infancia? ¿O de su vida reciente de adulta? ¿Acaso sabe ella misma por qué?

¿Tiene miedo de no estar a la altura?

La necesidad de apoyo

No es importante contestar a esas preguntas en seguida, pero sí es urgente apoyar a esa madre: la empatía con ella. La paciencia de los profesionales, su confianza en las capacidades del bebé, su asombro ante todo lo que hace, su discreción para observar sin actuar… Todo eso es fundamental para permitir la formación del vínculo.

Los movimientos del bebé, sus gestos, su llanto, su murmullo acabarán por atraer la mirada de la madre. Si a ella no le agrada el contacto piel con piel y rechaza al niño, bastará con colocar al recién nacido contra el pubis de la madre y esperar. Pueden pasar diez minutos, o más, antes de que se crucen las miradas. Cuando la madre sonríe y tiende la mano hacia su niño, se ha ganado la partida. La insistente mirada del bebé habrá creado un “impulso maternal”, desempeñando así un papel “reparador” de la historia de la madre. Resulta muy positivo proponerle a la madre, durante su estancia en la maternidad, que hable de lo que ha ocurrido en el momento del nacimiento.

En esas delicadas situaciones, llevarse al recién nacido y separarlo de su madre para administrarle los primeros cuidados no urgentes, es impedir que se establezca ese vínculo aun frágil, es crear dificultades suplementarias para el futuro psicoafectivo de ese bebé y esa madre.  Siempre debemos actuar movidos por la preocupación de no hacer daño y es tan importante preocuparse de la salud psíquica como de la somática.

En ocaciones,  el vínculo afectivo no logra establecerse: hay que admitir entonces que una madre pueda venirse abajo cuando nace su hijo. Hay que ofrecerle en seguida la posibilidad de buscar en el fondo de sí misma para encontrarse con su bebé.

La historia de la mamá de Julie

El doctor Pilliot narra La historia de la mamá de Julie que resulta  muy útil para comprender mejor la importancia que tiene este tema.  Se trata de una mujer que perdió a su anterior bebé en el sexto mes de embarazo, en condiciones difíciles y dolorosas. El pasado psicosocial de esa mujer es duro. Este embarazo fue seguido de cerca por los servicios de Protección Materno-Infantil y pudo llegar a las 36 semanas.

El parto se provoca en ese momento a causa de un crecimiento intrauterino retardado que parece grave. Julie nace sin dificultades particulares. Parece tener efectivamente bajo peso, a priori menos de 2000 gr. Al ponerla sobre su madre, ésta grita de miedo, no la mira, vuelve la cabeza hacia otro lado, grita varias veces “me has hecho daño”. Julie es entonces colocada sobre el vientre de su madre, envuelta en un paño caliente. Su mirada es fija y de una intensidad impresionante.

La comadrona comenta en voz baja: “es muy guapa, te está mirando”. Aún así, la madre sigue desviando la mirada hacia las paredes del paritorio, hacia el techo. Después de unos minutos, sus ojos bajan hacia Julie, se enganchan apenas un segundo, y se desvían nuevamente, luego vuelven y se van otra vez. Julie no deja de mirarla ni un segundo, como si esperase que volviese a mirarla. Esa madre necesitó de diez a quince minutos para aceptar la presencia de su bebé, engancharse a su mirada y tenderle las manos sonriendo y llamándola “Julie”. Una hora después, la madre dijo que había tenido mucho miedo porque su anterior bebé también era una niña.

La mirada de Julie desempeñó aquí un papel fundador y reparador para su madre. Esa mujer se convirtió en madre a través de la mirada de su bebé: se sintió mirada como nunca lo había sido, la intensidad y la gravedad de la mirada de su hija la condujeron inevitablemente a entregarse a ella. En cuanto a Julie, con esa madre al principio distante, la baza es importante: está en juego su equilibrio psíquico y afectivo, está en juego su vida. Su mirada es una petición, una súplica hacia su madre: “Quédate conmigo” parece decirle. La mirada que recibe de su madre le permite entonces existir. Se convierte en “ser humano” a través de la mirada de su madre. La verdadera historia entre Julie y su madre reside en la expresión de sus ojos y en ese intercambio que las acerca.

Esta historia ocurrió hace unos quince años, según el Dr. Pilliot. Los servicios sociales nunca han tenido ningún problema con esta madre y su hija.

Un caso sin final feliz

violencia obstétricaContrariamente al caso anterior, relata otro caso que culmina en infanticidio. ¿Qué le ocurrió a aquella mujer frágil que no soportó la delincuencia de su pareja y mató a su bebé de 6 meses?

¿Qué desesperación la llevó a ese extremo?

Al nacer, su bebé tenía una mirada profunda, fulgurante, fulminante, pero ella no la vio porque estaba anestesiada. No le trajeron a su hijo hasta varias horas después de nacer, cuando ya estaba profundamente dormido. El Dr. Pilliot comenta:«Como pediatra, siempre me he preguntado si esa mujer habría llegado a tal extremo de desesperación si hubiera podido tocar a su hijo cuando nació, acariciarlo, olerlo, mirarlo… y recibir su mirada».

En conclusión:

La llegada al Mundo sigue siendo un misterio. Hay un nacimiento corporal que es el parto, y los procesos fisiológicos permiten una rápida adaptación, sometida a nuestra temporalidad. Pero, más allá del parto, también existe un nacimiento psíquico y espiritual, el nacimiento de un ser humano, de una consciencia, de un pensamiento. Se pasa de un mundo intemporal de globalidad, de totalidad, de armonía permanente, a un mundo de discontinuidad y frustraciones.

La protomirada es un puente entre esos dos mundos. Para la madre, la primera mirada de su bebé crea un “impulso maternal” indefectible. Para el recién nacido, el encuentro con otra mirada lo humaniza y lo transforma en ser de consciencia y pensamiento, en ser de deseo, siempre en búsqueda del absoluto original.

Bibliografía:

Dr Marc PILLIOT La mirada del recién nacido Agosto 2005 Artículo: Dr. Marc Pilliot, “Le regard du naissant”. Publicado en los “Cahiers de Maternologie” 2005; 23-24: 65-80 y en “Spirale” 2006; 37: 77-94

Liliana M. Lund

Dr. Leboyer pionero del parto sin violencia

Dr. Leboyer pionero del parto sin violencia

¿Cómo sería nacer con luz tenue, en silencio, con suaves masajes? El Dr. Leboyer lo explica y muestra en éste maravilloso vídeo

El Dr. Leboyer, ginecólogo y obstetra francés, revolucionó la forma de considerar los partos, no era una mujer que paría, sino el nacimiento de un nuevo ser. Fue el primer médico que estudió el trauma del nacimiento y que criticó las condiciones que ofrecían los hospitales del mundo occidental. Gracias a él y sus discípulos, comenzó un largo camino para un cambio fundamental en la forma de nacer. Lentamente se fue abriendo camino y hoy día ya no resulta extraño lo planteado en su teoría. Veamos su interesnte recorrido. Abandonó durante un tiempo su práctica médica para dedicarse a investigar cuestiones relacionadas con el trauma de nacimiento.

Los trascendentes aportes del Dr. Leboyer y el nacimiento sin violencia

Dr Leboyer

El tema que tanto le interesaba se debía a que su propio nacimiento había sido traumático. Su madre sin posibilidad de ser anestesiada, había tenido que ser inmovilizada.

Se preguntaba: “¿Y si el niño siente y está totalmente consciente de lo que pasa?” Con gran empatía se pone en el lugar del bebé:  “Vengo de un lugar a 37 C, en donde he permanecido durante 9 meses casi a oscuras y en total conexión con mi madre, y llego a una sala fría, con mucha luz y no se me trata sin respeto. Se me corta mi única fuente de oxigeno antes de que haya aprendido a usar mis pequeños pulmones, además me ponen boca abajo ,… SOCORRO!… Lloro…Y ellos sonríen, están contentos”.

A partir de su investigación, este obstetra francés impulsó y popularizó el uso de técnicas suaves durante el parto. Puso énfasis en la inmersión de los recién nacidos en agua tibia para facilitar su transición hacia el mundo exterior. Después de años de estudio, proclamó que el bebé tenía «derechos» durante el parto,  comenzando a desarrollar nuevas ideas sobre el proceso de nacimiento. A través de sus obras, ha demostrado que el ambiente emocional del nacimiento produce un profundo impacto sobre la vida del individuo.

El Método Leboyer:

Fue creado por el Dr. Fredrick Leboyer en la década de 1970 y fue explicado en su libro titulado «Nacimiento sin Violencia» publicado en 1975. En 1976, publica Shantala que complementa su método. Su principal objetivo era evitar o minimizar el trauma y las tensiones experimentadas por el bebé en el momento del parto y de su nacimiento.

nacimientoÉl afirmaba con convicción, que los bebés que nacían en ambientes tranquilos eran más felices y se sentían más contenidos.  Con este método se ayudaría a la madre  a su vez, a reducir sus tensiones y miedos. También, la haría sentirse más alegre y contenida cuando llegara el momento de dar a luz a su bebé.

El Método de parto Leboyer, es partidario de dar a luz en un cuarto apacible y calmo, con iluminación tenue o casi a oscuras. También, recomienda no ejercer presión sobre la cabeza del bebé a fin de que el mismo pueda llegar al mundo de la manera más natural posible. Luego, el bebé será colocado sobre el vientre materno inmediatamente después de nacer. A continuación, se le practicará un suave masaje al bebé para estimular su respiración. En principio, el Dr. Leboyer recomendaba que los doctores fueran los encargados de realizar estos masajes, aunque actualmente, son las mamás las que los realizan personalmente.

El sostener a su bebé recién nacido creará un vínculo de amor inmediato entre la madre y su hijo/a. Por otra parte, el cordón umbilical del bebé no debe ser cortado hasta que deje de latir. El hecho de esperar el tiempo suficiente para cortar el cordón umbilical, permitirá que el bebé pueda respirar por sí mismo por primera vez, una vez que esté preparado para hacerlo por sí mismo. El método Leboyer, además aconseja que el bebé sea colocado en una bañera tibia por un breve período de tiempo luego de su nacimiento. De ésta forma, es como un medio que permite recrear la atmósfera de la cual proviene.

Sobre el «Masaje ancestral»

masaje de bebésDurante su investigación, realizó un viaje de varios meses a la India. Allí conoció a una madre, en las calles de Calcuta, dando un masaje a su bebé recién nacido. Se trataba de una técnica ancestral que solucionaba de un modo efectivo y armonioso, las consecuencias del trauma de nacimiento.

Leboyer nombró a ésta técnica con el nombre de aquella mujer india: Shantala. En éste libro explica las razones por las que el masaje de los bebés, resulta tan positivo ….”Tras el calor del seno materno,  después del abrazo que es el nacimiento, llega la soledad helada de la cuna y entonces surge una fiera, el hambre, que muerde al bebé en las entrañas. … ¿Cómo calmar semejante angustia? ¿Alimentar al niño? Sí. Pero no solo con leche. Hay que abrazarlo, acariciarlo, acunarlo… y masajearlo…»

 

La confirmación de su teoría:

Años más tarde, Michel Odent, Thomas Verny, entre otros, recopilaron cientos de estudios científicos realizados en los últimos 40 años sobre el periodo perinatal. La conclusión fue que queda claro que el bebé es una persona que siente y recuerda. Estos estudios han demostrado como nuestro nacimiento, traumático en la gran mayoría de los casos, se manifiesta en nuestra vida de adultos. Aparecerá en forma de miedos, de angustia, de falta de confianza en los demás y en la vida, de cólera y rabia…

Por lo tanto, el Dr. Frederick Leboyer estaba en lo cierto sobre lo mucho que perciben los bebés y la gran importancia de cuidar la forma en que nace todo ser humano.

 

Liliana M. Lund

Dos partos diferentes de una mujer – Testimonios

Dos partos diferentes de una mujer – Testimonios

Esta entrada es un relato sobre la vivencia de Ana en sus dos partos, una colaboración para la sección de Testimonios. ¡Muchísimas gracias Ana por compartir tu experiencia!

 

CÓMO DOS PARTOS EN LA MISMA MUJER FUERON NOCHE Y DIA

dos partosSi estás embarazada y más si es tu primer hij@ es muy probable que ya hayas buscado información acerca del parto, preparación al mismo y  te hayan contado muchas historias de cómo les ha ido a diferentes mujeres de tu entorno más cercano.

Cada una de nosotras lo vivimos de una manera muy diferente y cada parto cómo en muchas cosas más de la vida es diferente y único. Las emociones de una mujer a otra son diferentes en situaciones similares.

Gracias a la oportunidad que me ha brindado Liliana Lund, quiero contarte mi experiencia para compartir en voz alta cómo los he vivido yo, dado que es algo que pocas veces podemos expresar abiertamente.

Me presento, mi nombre es Ana, soy mamá de dos niños, el mayor tiene 5 años y el pequeño casi 15 meses.

¿Por qué para mí han sido noche y día mis dos partos? Te lo cuento a continuación

El primer parto lo comparo con la noche, por aquello de ser más oscura, más triste, porque me puse de parto o al menos rompí aguas sobre las 01.00 h de la madrugada….

Ingresé una mañana de sábado en el hospital, era un parto programado dado que yo estaba ya en la semana 41 y no había indicios de que fuera a dar a luz de otra manera. Este primer día de ingreso fue largo, llegué al hospital a las 8.00 h, tras los reconocimientos de rigor, tocamientos, medicamentos para provocar el parto, no se llegó a nada y me dejaron descansando en la habitación hasta el día siguiente que se suponía empezarían con oxitocina a primera hora de la mañana.

El personal sanitario que me tocó era un poco “despegado” y digo esto porque me sentía que era una exagerada por tener dolores, por pasar el rato desagradable que pasas mientras ponen los cables, que aunque es algo normal no dejaba de ser para mí algo “no agradable” después de llevar unas cuántas horas ya ingresada con diferentes tocamientos y revisiones varios, totalmente necesarias!

Yo me pregunto, ¿Tanto cuesta a un personal cualificado y preparado para esto ser un poco más cuidadoso?

No somos una más, somos seres humanos a punto de traer al mundo una vida nueva, merecemos respeto y cariño en esos momentos de incertidumbre, nervios, desconocimiento de lo que está por venir, de que va a pasar, con el anhelo de que todo vaya bien con nuestro bebé.

Aquellas que ya habéis tenido hijos me gustaría preguntaros, ¿Cómo os habéis sentido en esos momentos de exploración?, ¿Y, cuándo están preparando todo para el nacimiento?

Las horas fueron transcurriendo hasta que por fin llegamos a paritorio, me puse a empujar y el niño no salía, tras varios pujos, empezó a entrar personal sanitario en el paritorio, mi marido se marchó de mi lado, vi cómo un señor se subía encima de mí y apretaba mi barriga hacía abajo.

Ahora sé que es la maniobra de Kristeller

No entendía nada, fueron momentos de mucha confusión, con poca información para contarnos que estaba pasando, si era algo grave o no. No consigo recordar que sentía, creo que incertidumbre y confusión es lo que puede describir la situación, pero es cómo si mi mente me hubiera borrado cómo viví aquellos momentos. Nunca he sabido con seguridad porque necesitaron realmente fórceps, incluso las personas de más edad me contaban que eso era una “técnica” de hace muchos años que creían ya no se utilizaba…. Parece ser que sí, mi compañera de habitación también fue con fórceps su alumbramiento.

Siempre he dado gracias a Dios por el buen hacer de la ginecóloga, el niño nació bien apenas se le notaba una señal en un ladito de su cabeza, a mí me cosieron muy bien, no hubo ninguna complicación posterior, ¿Qué más podía pedir? Poco más que pedir, que siguiera siendo un campeón cómo lo estaba siendo desde el minuto 1 que estaba junto a mí en la barriga.

Pero……, cómo bien sabéis después de la noche viene el día….

Si, mi segundo hijo nació por el día. Me lo provocaron también pero en la semana 37 porque se dieron cuenta que tenía una importante dilatación de un riñón, tenía ya buen peso, y dónde mejor podían valorar dicha dilatación era fuera con ecografías al bebé.

Así fue cómo me avisaron que al día siguiente ingresaba para provocarme el parto. Hizo una exploración a conciencia la ginecóloga para que “aquello” empezara a ponerse en funcionamiento. Dolió, pero me sentí comprendida porque me dijo, “sé que es molesto y doloroso pero es para agilizar el parto, es posible que sangres durante el día de hoy, si fuera mucho te vienes rápidamente al hospital”.

¡Menuda diferencia! Si te explican las cosas con respeto, cariño, haciendo sentir que es algo normal lo que te pasa y que te “entienden” te ayuda a tranquilizarte y vivirlo con mucha más calma.

Así fue cómo ingresé una mañana de viernes a primera hora cómo en el parto anterior y a las 17 h nacía mi segundo hijo. En todo momento me hacían sentir “especial”, qué no era una más, qué estaban allí para acompañarme en este proceso, yo era la protagonista y ellas mis comodines.

¿Sabéis lo que les repetí muchas veces durante todo este tiempo que compartimos? Les di las gracias por el trato tan humano que estaban teniendo, por su respeto a mí, a mi circunstancia. Me hicieron sentir comprendida!! lo valoré mucho y aún hoy con estas sencillas palabras sigo agradeciendo su buen hacer, su profesionalidad, me transmitieron cariño, apoyo, humildad, ternura y pasión en su trabajo.

Mi conclusión tras parir dos veces y según lo vívido por mí, es pedir PARTOS MAS HUMANOS!!! Cómo mi segundo parto.

Si has llegado leyendo hasta aquí, decirte: ¡¡gracias!!

Te lo agradezco, no ha sido nada fácil para mí poner por escrito mis sentimientos, mis emociones y recuerdos.

Recuerda,¡¡todo irán bien!!

Un abrazo a todas-

Ana Díaz- Moreno

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El puerperio y sus diversos miedos

El puerperio y sus diversos miedos

 

Cambios psicológicos que no esperamos con la maternidad: el puerperio nos sorprende

Nos preparamos para muchos cambios ante la llegada de un bebé pero hay un aspecto menos previsto de la maternidad: el puerperio. Los cambios implicados en la elaboración que implica el pasaje a la maternidad, el puerperio es la parte que trae consigo más temores y a veces miedos muy intensos.

Sobre muchas de las cosas con las que nos encontraremos al comenzar a transitar éste nuevo camino, ya teníamos alguna idea o  creíamos tenerla. Pero luego, frente a un recién nacido real y todos los cambios en nuestra vida cotidiana, todo se ve diferente.

En mi consulta psicológica, he visto muchas parejas de padres recientes, que se sienten solos o que sólo a ellos les toca vivir una serie de altibajos desconcertantes. Sin embargo,  son propios de la transición a la maternidad/ paternidad. De ahí la importancia de poner en conocimiento a los padres de algunos cambios psicológicos que están implicados en éste proceso. Éstos cambios, por lo general, comienzan a presentarse en el embarazo y después del nacimiento. Son producto de las llamadas crisis evolutivas.

El hecho de que la transformación biológica ocurra en el cuerpo de la mujer tanto en el embarazo como en el parto, posparto y la lactancia, centra como primordial la relación madre-hijo. De ella depende la subsistencia del nuevo ser y éste aspecto suele implicar procesos  más complejos que los vividos por el padre y que sean las madres, por tanto, las figuras predominantes en ésta temática. Por éste motivo, me centraré especialmente en la maternidad por más que se trate de la «pareja parental».

Con la nueva maternidad, el puerperio se hace sentir de forma insospechada. Además de cuestiones sencillas para aprender a manejarse en aspectos del cuidado infantil, existen una serie de temores psicológicos propios de la nueva etapa evolutiva. Son temores que cuesta comprender cuando están ocurriendo. Habitualmente, en poco tiempo nos habremos hecho con los cambios y podremos disfrutar de ésta etapa más relajadas y con más confianza en nosotras mismas.

Temores habituales ante la maternidad:

Temor a no poder hacerlo bien

Por unos meses, especialmente el primero, puede que nos haga sentir agobiadas hasta que aprendamos a manejarnos mejor con las distintas situaciones, que el bebé duerma toda la noche, que va aumentando de peso, etc. Por debajo de todo ésto, lo que ocurre es que finalmente comprendemos un poco mejor lo que implica transformarse en madre.  Hemos asumido una gran responsabilidad con otro ser humano que dependerá de nosotras. Esto despierta el gran temor de si seremos capaces de hacer las cosas tan bien como para que la vida de éste nuevo ser se desarrolle felizmente.

Seremos madres toda la vida pase lo que pase y las 24 horas del día.

También descubriremos que tener ratos para nosotras mismas ya no resulta tan sencillo, por un tiempo necesitaremos elegir entre ¿me  ducho o duermo? mientras duerme el/la bebé. O que ya no podremos ni ir al baño sin estar con la puerta abierta cuando estemos solas… Nuestras expectativas y prioridades cambiarán mientras que las necesidades del pequeño/a irán por delante.  Durante un tiempo, dejaremos de plantearnos leer un libro y agradeceremos que una película se pueda retroceder. Conviene intentar tener presente que la paciencia y el humor son grandes aliados, es algo pasajero.

Aprender a descifrar las demandas constantes del nuevo integrante y cómo satisfacerlas, llevará un tiempo.  A su vez, el tiempo variará según cada bebé y cada mamá, así como de cada entorno. Aunque nos pueda resultar agotador y a veces desesperante, lo cierto es que pronto nos iremos haciendo con el tema. Iremos descubriendo lo que nos trata de comunicar cuando llora y que ésta es la única vía que tiene para hacernos saber que algo le está pasando. Antes o después, la comunicación será más sencilla. Saber que no comprender todo inmediatamente, no implica que seamos malas madres, facilitará la comunicación.

Los bebés necesitan sentirse acompañados, se asustan mucho y a ellos el cambio en su forma de vida, también les cuesta adaptarse. Para éstas cosas es bueno tener presente que no hay nada tan beneficioso para ellos como el piel con piel. Y resulta muy positivo para ambas partes. Los bebés necesitan volver a escuchar el corazón de su mamá, oler su piel y sentir que está cerca.

Comprender que dejamos atrás nuestro lugar de hijas e hijos

El cambio de rol* que implica el pasaje a la maternidad requiere ciertos ajustes. Por ejemplo, durante el embarazo los cambios pasaban por la mamá, sobre cómo estaba, cómo se sentía, etc.. Durante los meses del embarazo se han sentido especiales y el centro de atención.  Después del parto en cambio, el recién llegado acaparará toda la atención del entorno. Es un hecho que puede provocar que muchas madres se sientan relegadas e incluso obviadas. Son sentimientos normales y pasajeros al producirse el pasaje para asumir su nuevo lugar, su nuevo status*.  Luego, se podrá vivir con orgullo cada aspecto de nuestro hijo/a y se irá abriendo el camino de las vivencias maternales. En síntesis, al asumirnos madres, iremos poniendo al niño por delante nuestro.

Miedo a transformarnos en nuestra madre o padre.

Durante la preparación que implica la nueva maternidad, el puerperio es el menos esperado. Frente a la nueva realidad, solas junto a ese pequeño ser, nos vemos «madres», lo que remite a nuestra madre. La paternidad tiene el curioso poder de despertar muchos sentimientos y experiencias de nuestra infancia. Tanto para la nueva madre como para el padre. Según hayan sido las respectivas vivencias con las figuras parentales durante el desarrollo, puede despertarse el temor de «ser ellos» o cómo ellos. En ocasiones, ese temor, puede provocar diferentes grados de malestar o angustia. A medida que vayamos comprendiendo que el  cambio de status no implica repetición,  iremos forjando nuestra propia modalidad parental. Es verdad que cometeremos aciertos y errores, pero serán «nuestros». Entonces, la transición será más sencilla.

La transición también la viven los abuelos

Éste aspecto suele ser más notable para la relación entre mujeres ya que están culturalmente más vinculadas a la crianza. Resulta positivo recordar, que para quienes se transforman en abuelas, también implica un cambio de status y rol. Ellas también deberán aprender. Acostumbradas a criar a sus hijos, a velar por ellos, ahora deben apartarse. Deberán dejar espacio para que surja esta nueva madre, respetar sus decisiones y formas de resolver  la nueva relación familiar. Además, tratar de no dar consejos que no fueron pedidos y brindar la mayor ayuda posible. Por otra parte, será un momento muy propicio para intentar subsanar aspectos del pasado en la relación madre-hija. Será una  gran oportunidad de brindar apoyo, ayuda y cariño. Es importante porque  es un momento en que las nuevas madres se sienten muy vulnerables y confundidas.

Por último, hay que recordar que TODAS las mamás pasan en mayor o menor medidas por éstos temores.

Definiciones:

*Status: Se refiere al lugar que ocupa una persona en un grupo. Una persona puede tener diferentes status, por ejemplo: padre de familia, empleado, etc,

*Rol: Se trata del comportamiento esperado de acuerdo al status que ocupa dentro del grupo.

Liliana M. Lund

Padres con depresión postparto

Ellos también pueden sufrirlas

Los hombres también pueden sufrir una depresión postparto

Los padres con depresión postparto o masculina, resultan más común que la depresión posparto femenina, aunque no se reconozca como tal. Esto lo explica Michel Odent en su libro «La vida fetal, el nacimiento y el futuro de la humanidad». Pero es que los padres suelen ser los grandes olvidados a la hora de los nacimientos o las pérdidas perinatales.

Según una investigación de la Escuela de medicina de Virginia en Norfolk, Estados Unidos, cuyas conclusiones fueron publicadas en la revista Pediatrics, el 10% de los papás muestran signos de depresión postparto. El estudio indica que la depresión es producto de cuadros desarrollados como consecuencia de antecedentes de depresión, desacuerdos de pareja o problemas relacionados con lo financiero.

Algunos hombres tienden a sentirse «desplazados» durante las primeras semanas del postparto, tanto a nivel del cuidado de su hijo como en el trato con su pareja.  En la actualidad el rol masculino es más activo que en el pasado con respecto al cuidado de los hijos y se involucra mucho más. Al participar activamente, evita esos sentimientos de celos o desplazamiento y por otra parte es más capaz de comprender el estado anímico de la madre.

Es muy importante conocer la existencia de la depresión postparto y sus características, tanto en mujeres como en hombres. Cada padre debe tener presente que si su pareja sufrió depresión durante el embarazo, o en la primera parte del posparto, él mismo está en riesgo de sufrirla
.

La Dr. Melrose, experta de la Universidad de Athabasca (Canadá), también ha estudiado lo padres con depresión posparto y ha dado con algunas herramientas para medir y cuantificar la patología, así como con algunos consejos para afrontar la situación:

  • Posiblemente se sienta desbordado entre el estado de la madre y a su vez, el bebé.
  • Resulta fundamental la comunicación, al igual que ante casi todos los demás problemas que surgen en la pareja. Se debe promover el diálogo acerca de todos los sentimientos incómodos que ambos experimenten: tristeza, ansiedad, irritación, ira, etc.
  • Además de las sensaciones, analizar también las actitudes que se salgan de lo normal en los hombres: conductas agresivas, discusiones, consumo de alcohol o drogas, etc. Pueden ser una consecuencia de la depresión posparto.
  • Es conveniente que los dos miembros de la pareja compartan las tareas que la llegada del bebé impone y que ambos conserven también sus espacios y momentos de descanso y cuidado personal. Por momentos, puede resultar difícil, ya que en los primeros meses el niño demanda mucha atención, pero hay que intentarlo.

Si se detecta un cuadro de depresión, se debe acudir a un profesional, que aplicará la terapia que considere más apropiada para su tratamiento.

Es bueno recordar también que un recién nacido implica muchísimos cambios, tanto en los aspectos biológicos y psicológicos como ser los cambios hormonales, la falta de sueño, etc. y que provoca sentimientos normales.

El «baby blues» es un estado de decaimiento o cierta tristeza normal en los primeros días/semanas y que revertirán en poco tiempo. No sucede lo mismo si se trata de una depresión postparto y requiere consulta especializada.

 

Liliana M. Lund

 
Dr Nils Bergman y la madre canguro

Dr Nils Bergman y la madre canguro

Los beneficios del piel con piel. Conferencia del Dr Nils Bergman.

 

Dr Nils Bergman

Beneficios del Piel con piel

El Dr Nils Bergman explica en ésta conferencia, cómo es el proceso de lactancia mamífera (video al pie de la entrada). Es el cerebro del recién nac¡do el que va a desencadenar el amamantamiento, forma parte de nuestra programación genética.

La necesidad de estar piel con piel con su madre hace que al separarse de ella, se desencadene un estado de angustia que pondrá en marcha un proceso de supervivencia. Sin su madre pierde el habitat necesario para estar a salvo. Se desencadena con esa angustia y desesperación, una gran cantidad de hormonas del estrés, el cortisol, dañinas para el cerebro del bebé.

Los beneficios del estar piel con piel son tanto para la madre como para el bebé

Explica también la sincronía térmica y la importancia del piel con piel. El cuidado piel con piel para la madre también es muy positiva, especialmente en los nacimientos prematuros sintiendo que puede seguir protegiendo a su bebé. En este tipo de nacimientos, las madres se suelen sentir desconcertadas y hasta culpables por no haber podido llevar el embarazo a término. Por ese motivo, al ver que pueden seguir proporcionando su cuerpo para el cuidado de su bebé, se siguen sintiendo necesarias para su hijo. Se ha demostrado que la madre canguro suele ser la mejor forma para ayudar a un recién nacido prematuro incluso siendo muy pequeño. Su contacto, su olor y su voz resultan altamente beneficiosos para la salud del recién nacido.

Si bien éste método ha sido sumamente difundido, en muchos centros sanitarios no termina de incorporarse pese a sus conocidos beneficios, especialmente con bebés prematuros. Es posible que los temores médicos por la salud del neonato dificulten la aceptación del método en las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales.

El Dr Nils Bergman es pediatra y neonatólogo, afamado por su dedicación como neuropediatra perinatal. Resulta muy agradable e instructivo, escuchar la explicación de todo el proceso por él mismo. Espero que disfruten del video.

Liliana M. Lund

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